Todo es cuestión de estilos me dijo alguien. ¿Y saben? No estoy de acuerdo, pues tú estilo no justifica la soberbia, la mala pero muy mala educación, la necedad y la prepotencia.
Esos son solo algunas de las características del “estilo” al que me refiero; o ¿ustedes que piensan? Eso no es un “estilo”, es una completa ausencia de educación y no la califico de buena o mala, sino de ausencia de educación.
La mayoría estará de acuerdo conmigo en que es prácticamente imposible mantenerse ecuánime en un ambiente donde el “estilo” está plagado de estas características. Y sin embargo hay que hacerlo, por las razones que uno piense que son las correctas, pero a veces hay que dejar a un lado la armadura del “Quijote” y dejar que las aguas negras fluyan a nuestro alrededor, no sin que eso nos siga molestando, ¡claro está!
Mi abuela, mi madre y muchas otras mujeres que respeto y admiro estarán de acuerdo con que la “educación se mama” y me atrevo a usar la frase, tan coloquial como simple que es, para dejar claro que no tiene nada que ver con el auto que manejas o la marca de tu traje o mucho menos el título nobiliario que la empresa para la que trabajas tuvo a bien otorgarle a uno de sus miembros.
“Ningún hombre puede mantenerse en la cima, solo porque alguien lo puso ahí”, es mi personal interpretación de la frase de H.H. Vreeland.1
Y pienso que es completamente cierto, que aquellos hombres o mujeres que son puestos en la cima, ya sea de una sociedad, una familia o una organización por decreto, serán considerados tíranos o estúpidos con suerte y de una u otra manera serán “derrocados” o removidos por los miembros de esas comunidades.
Todos esos personajes carecen de algo que se conoce como “Inteligencia Emocional” y si bien es cierto que en la técnica son mayoritariamente buenos o excelentes, como líderes o miembros de una comunidad son usualmente un tremendo fracaso y aun peor, son como un cáncer que va carcomiendo su entorno.
¿Qué es la inteligencia emocional? En resumen, es la capacidad de reconocer sentimientos propios y ajenos, pero sobre todo la capacidad de manejarlos y/o controlarlos.
Aquellos que carecen de esta característica, son agresivos, poco pacientes, gritones, groseros y en algunas ocasiones graves, llegan a ser violentos. Todo lo anterior porque no son capaces de reconocer que pueden estar equivocados o que tener miedo es válido, o que no saber algo también es posible en sus vidas.
Estos individuos son como un cáncer en las organizaciones y créanlo o no, pueden llevar a más de una a enfrentar crisis tan graves como la pelea por su supervivencia en un entorno dinámico como jamás lo habíamos enfrentado con anterioridad.
Si tienes uno de estos individuos frente a ti, no discutas, no caigas en su juego… su mayor problema es la necedad y como ya alguna vez dije: “Mover una montaña parece sencillo cuando lo que tienes enfrente es a un necio”.
Otro martes donde los animalitos somos nosotros mismos...
1No man can stand on top because he is put there. -- H. H. Vreeland